Comunicación

La idea se le había metido en la cabeza desde hacia bastante tiempo, podría decirse que años.

Al comienzo fue únicamente algo menos que un impulso,casi mas cerca de un deseo difuso, profundo. Era como esos malestares viscerales que uno no puede atribuir a un órgano determinado y parecen invadir el cuerpo entero.

No era tan fácil admitir que esa idea volvía a la mente de tiempo en tiempo. Al comienzo, cuando detectó esta forma recurrente de pensar en ello se sentía muy incómoda, pero terminó por acostumbrarse y la guardaba junto a todos esos otros deseos insatisfechos que no logran perturbar la vida diaria, sino que mas bien son como esos fantasmas conocidos que nos acompañan durante el sueño.

Los últimos días sin embargo la idea comenzó a dar paso a una pequeña inquietud que si bien no lograba perturbarla completamente a veces le resultaba algo molesta.

Ahora sabia perfectamente cuando esta inquietud había comenzado. Fue el sábado pasado a las 17.30 de la tarde.

Los vio desde su ventana, era una situación conocida repetida y placentera. Siempre le gustó verlos aparearse y debía reconocer que la visión de los animales la excitaba poderosamente. Muchas veces después de contemplarlos la inquietud se mantenía durante horas hasta que por fin lograba liberar la tensión haciendo el amor con la visión fija en la mente y casi sin reparar en su amante ocasional.

Ese sábado, sin embargo algo fue distinto. Los aullidos de los perros la habían molestado durante toda la noche sin poder mantener el sueño, desvelada escuchaba sus carreras y luego sus silencios, los imaginaba montándose a la hembra y no podía dejar de experimentar la excitación húmeda y placentera con que había respondida a esa imagen desde su juventud.

En la mañana al salir de su casa, el macho estaba en la puerta estirado durmiendo, seguramente agotado de su aventuras nocturnas. Debió cuidarse de no molestarlo porque temió que la atacara, era un hermoso ejemplar, de manera que lo eludió ágilmente y subió al automóvil ya preocupada de otros asuntos.

Como todos los sábados volvió agotada y luego de almorzar entregarse a una siesta reparadora, de la cual venía saliendo cuando los contemplo por la ventana del segundo piso. Estaban solos en medio de la calle abandonada de publico. El macho ya la tenia montada y penetrada, de manera que ella solo podía observar el ritmo enloquecedor con que apoyado sobre sus patas traseras prácticamente proyectaba a la hembra hacia adelante en cada embestida, – Rítmicos quejidos acompañaban a cada movimiento seguramente ocasionados por la dolorosa introducción ya que el macho era de prodigiosa contextura.-

Se quedó contemplando, hasta que los animales llegaron al final y luego entraron en esa fase de indiferencia que sigue el apareo y al momento desaparecieron de su vista. Durante la contemplación ella había introducido su mano derecha bajo la falda y se había acariciado con ternura la vulva sin llegar francamente a masturbarse. Siempre le había subyugado esa brutal sexualidad directa, en la que era imposible reconocer algún signo de ternura, o tan siquiera de placer. ¿ Lo sentirían?. Ella lo sentía y lo sentía referido a ellos sin ningún referente humano. ¿ Sería posible establecer algún tipo de puente, algún tipo de lenguaje o de comunicación primaria ?

Momentos después, el animal estaba tendido delante de la puerta de la casa. Lo contempló ahora con detención. Lo reconoció de inmediato, era el mismo que había observado hacía unos momentos antes.. Estaba con las patas estiradas lo que le permitió ver su pecho poderoso, su cabeza firme sus piernas robustas, era un animal de una juventud madura, Instintivamente le miro su entrepierna, solamente la rosada cabeza de su miembro parecía expuesta, al parecer, ya próxima a ser guardada en su cubierta.

Le llamó la atención el intenso color rosado, sin venas sin surcos. lisa y fresca, era la primera vez que conscientemente hacía esta observación, las dimensiones le sorprendieron, como siempre había observado a los animales desde la distancia. el tamaño le sorprendió, pensó que quizás se debía a que el animal aun estaba excitado y era muy desarrollado.

Cuando intentó cerrar la puerta, el, se incorporó, e introdujo la cabeza hacia el antejardin. Ella no se lo impidió y el animal entró en el recinto y se tendió bajo la sombra de un limonero. En esa posición al parecer se dispuso a dormir.

Con una tasa de café en la mano. se encaminó hasta la cocina y sacó desde el refrigerador un trozo de carne fresca. Abrió la pequeña reja del patio y se la dio

Engulló la carne con rapidez y en seguida giro sobre si mismo, se encaminó hacia la puerta cerrada y volvió hacia el centro de la terraza, luego se acercó a la pared junto a la silla en que ella estaba sentada y levantando la pata derecha lanzo tres poderosos chorros de liquido amarillo oscuro que chocaron violentamente contra la pared en la que dibujaron una figura extraña de la que manaba un vapor de fuerte y penetrante olor que saturó el olfato de la mujer que debió reconocer que la situación la inquietó. El animal pareció mirarla y en seguida se hecho mansamente a sus pies. Ella entonces sin hacer ningún movimiento brusco le acaricio la cabeza. Tenía el pelo muy suave.

El tórax, particularmente poderoso, le permitía reconocer el rítmico latir de su corazón agitado, a pesar del reposo.

Lentamente y como con temor llevó su mano a la entrepiernas trasera y la colocó sobre el miembro quedando un momento quieta por que el animal dio una pequeña sacudida como si quisiera despertar – Retiró ella la mano pero luego volvió a posarla sobre el oculto miembro y fue lentamente recorriéndolo por sobre su envoltura hasta poder establecer, con inquietud, que la longitud del órgano le resultaba inquietante sin poder establecer su grosor.

El miembro estaba duro y la punta rosada se insinuaba levemente hacia el exterior y luego volvía a ocultarse en una especie de juego que a la mujer la excitó francamente.

Este juego no mostraba alteración alguna, pero de pronto, el animal que parecía dormir, si incorporó en sus patas delanteras y apoyó la cabeza sobre el flanco derecho del muslo de la mujer. Ella de inmediato reconoció el gesto del animal que desea ser acariciado de manera que le pasó repetidas veces la mano por la cabeza haciendo una ligera presión para acercarlo mas a su pierna, siempre atenta a sus movimientos. Para ese entonces la idea ya se había perfilado claramente.

Con mucho cuidado se movió en la silla de manera se separar las piernas dejando la cabeza del animal entre sus muslos cubiertos por su amplia falda.

Inclinando levemente hacia un costado,la mujer podía ver el miembro de su acompañante que persistía en el rítmico aparecer y desaparecer de la punta rosada y reluciente.. Entonces ella fue lentamente subiendo su falda sin dejar de acariciarle la cabeza, hasta hacerla descansar sobre sus muslos desnudos..

Fue separando las piernas e impulsándole con suavidad la cabeza hacia su vulva. El animal fue orientándose, seguramente por las fuerte emanación femenina directamente hacia el centro mismo de la mujer diáfanamente cubierto por su prenda más intima ya demasiado húmeda.

De pronto el animal se quedó muy quieto con la nariz tocando con fuerza la húmeda prenda y ella pudo observar en ese momento como el miembro comenzaba a salir de su escondite en una visión que la dejó clavada,a tal punto subyugada, que sin darse cuenta dejó de acariciar la cabeza de su compañero.

El grueso cuero pardo cubierto en el extremo por algunos pelos más largos y más claros se abrió para permitir el paso del cilindro rosado limpio y reluciente que parecía partir su receptáculo.

Sin poder apartar la vista, ella contemplo ahora. las poderosas contracciones que permitían salir del receptáculo oculto los primeros cinco centímetros de un cilindro perfecto sin geografía, diáfano y limpio, humedecido e impúdico.

Lo que más la excitaba sin embargo era el rítmico movimiento con que el miembro avanzaba hacia afuera para en seguida ocultarse en parte y aparecer de nuevo con mayor, longitud. Era un movimiento como de ofrecimiento y negación, como una promesa que al desaparecer daba paso luego a una realidad aún mas subyugante.

Ella dejó de acariciarle porque la visión la tenía paralizada y su cuerpo ya estaba respondiendo a la formidable carga erótica que la imagen le estaba originando

El animal hacía presión con la nariz sobre la prenda intima de la mujer y al parecer eso le producía poderosos estímulos sobre el miembro que ahora ya muy expuesto tenía loca a la mujer.

Lo que más la trastornaba era la simplicidad de lo observado. En un silencio absoluto, sin que el animal denotara expresión alguna, sin que emitiera ruido alguno sin que hubiese un solo indicio de lo que estaba experimentando,.como si ese juego tremendamente provocativo no tuviese nada que ver con el y su cuerpo y el fuese únicamente el instrumento por medio del cual el sexo puro, como una fuerza natural estuviese proyectando,inevitablemente, una imagen exclusiva para ella.

Entonces no se pudo detener.Acomodándose un poco en la silla y sin cambiar de posición para no romper el hechizo, extendió el brazo hasta poder tocar con su mano derecha ese miembro maravilloso. Solamente con tres dedos y con mucho cuidado, a través del tacto entró en ese mundo absolutamente nuevo..

Al hacerlo sintió una descarga en la parte posterior del carneo. El mensaje que le llegaba a través de su mano era algo extraordinario de una suavidad inaudita y de una dureza viril sin limites extendida entre sus dedos y sintió que de alguna manera estaba aprisionando verdaderamente un fruto prohibido.

Entonces miró y pudo observar en el centro de la esfera,el pequeño orificio de pequeños bordes relucientes. Avanzó la mano y cogió el cilindro bajo la cabeza no pudiendo retener sus deseos de apretarlo suavemente.Era un palo, un fierro duro terso y áspero, sobre todo ardiente, y apretó más para retener ese calor y en ese preciso momento tres violentas contracciones del maravilloso instrumento que tenia en su mano, derramaron sobre su palma tres hirvientes chorros de un semen espeso que ella con deleite esparció sobre el miembro casi en un paroxismo, mientras se quedaba absolutamente quieta.

Su compañero retiró, la cabeza desde el mullido regazo con cierta violencia y se enderezó poniéndose de pie con una indiferencia que a ella llego a molestarle.

El, ejecutó dos o tres movimientos violentos con la cabeza ya a cierta distancia de ella mientras la mujer apretaba las piernas para sujetar su orgasmo y el liquido aún caliente, se deslizaba pesadamente entre sus dedos.. Instintivamente llevo la mano cerca de la nariz El olor intenso no la abandonaría aún por largo rato después de haber entrado en la casa. (más…)

mayo 15, 2007. Perro - Mujer, Relato. Deja un comentario.

Atila, el perro anal

Esto me sucedió cuando tenía diecinueve años. Mi sexualidad estaba en uno de sus puntos más altos. Ya había cogido con chicos de mi secundario, y e vez en cuando me tiraba algún polvito que otro.

También Nerón, seguía dandome pija en algún momento en que podíamos, pero el perro ya estaba un poco más viejo, y aunque ustedes no lo crean a los animales también los agarra el “viejazo” como a las personas. Resulta que un día un amigo de papá, compañero de trabajo, tuvo que ausentarse con su familia ya que se iban de vacaciones al exterior. Esta familia tenía como mascota un perro doberman, de nombre Atila (sí como el famoso bárbaro de la antigüedad), al cual no tenían donde dejarlo. Papá se atrevió a traerlo a casa, para cuidarlo nosotros, mientras duraba las vacaciones de su amigo. Mamá no le gusto para nada la idea, primero por la raza de perro que era (los doberman son perros feroces) y luego por Nerón, ya que estaba viejito y se podría poner celoso, y una pelea de perros en casa, quién nos ampara. No se cómo pero papá convenció a mamá y con los cuidados del caso, sobretodo con Nerón, Atila llegó un día por la mañana a casa. ¡Que perro!. Era de color marrón, alto, bien limpito y con expresión recia. El amigo papá dijo que era tranquilo, y que no íbamos a tener grandes inconvenientes. Para ser sincera, mi conchita ya estaba destilando jugos de solo pensar en la verga de Atila. Pero claro, de entrada no me iba a poner a coger con el perro si apenas lo conocía. En los sucesivos días en los que estuvo en la casa, me fui haciendo amiga del doberman, lo acariciaba, lo mimaba, le daba de comer, hasta el viejo Nerón se puso algo celoso. Un día en que hacía calor, mi papá dice de b6975.jpgañarlo. Ni que hablar que me puse de voluntaria, ya que quería manosearlo todo y masajearle con abundante jabón su respetable verga. Lo bañé y le manoseé la pija a Atila, quién no hizo nada, es más se dejo pajear quietito, como disfrutando del baño. Ahí me di cuenta que el perro era manso. Así que esa noche cuando todos dormían, fui a buscar a Atila y lo metí en mi cuarto.

Me puse en pelotas y en la televisión puse en escena una película de zoofilia, donde unas chicas se dejaban coger por un perro que estaba de puta madre. Mientras miraba la película, me pajeaba con un consolador que me compré, haciendo unas pajas de ensueño y litros de jugos fueron llenando mi concha. Mientras tanto Atila estaba echado en la alfombra, al lado de mi cama. No pude aguantar más y me puse de pie, y levantando el perro su hocico, le arrime la concha a su olfato. ¡Qué placer!. La lengua de Atila me violaba, me saboreaba mis jugos y los orgasmos me hicieron desfallecer de gozo y éxtasis. El perro se paró y me trenzó con sus patas delanteras, a la altura de mi cintura estando yo de pie. Evidentemente me quería penetrar. Trato de forcejear, pero me dio miedo, ya que después de todo era un perro doberman. Miró entre sus patas y una punta roja asoma fuera de su capullo peludo. Me subí a la cama y me puse en cuatro patas como las perras.

6986.jpgAtila se subió al instante, olfateando y lamiendo mi concha desde atrás. ¡Uhmm, que rico como el perro saborea mi concha y mi prieto culito virgen!. El perro hijo de puta se ensaño con mi culo a lengüetazos, así que con mi manita me pajeaba mi propio clítoris. De pronto, el perro me monta, me sujeta con sus patas delanteras alrededor de mi cintura, a la vez que con su pija dura y puntiaguda trataba de metérmela en algún orificio. Traté de ayudarlo, pero no hube llegado a tocarlo, que ¡zas!, me la enterró en el culo. ¡Ayyyy, ayyyy, la puta que te parió perro de mierda!. ¡Ayyyy, sácala que me estas destrozando el ojete!. No había caso, Atila estaba cogiendo como un loco, y me estaba desvirgando el culo. Jamás nadie me había cogido por ahí. El dolor que sentía era impresionante y pude sentir que me lo rompió, porque pequeñas gotas de sangre caían sobre mis sábanas.

6988.jpg¡Perro hijo de puta!- decía entre sollozos. Atila, dale que dale, y al rato el dolor se me empezó a hacer placer. Estaba empezando a gozar con el sexo anal. Mis epítetos se transformaron en palabras de lascivia y deseo. ¡Así perrito, cogele el culo a mamá!. Atila cogía como un bárbaro, y pude sentir su verga desgarrando mi esfínter e llenando de carne mi recto.

Sus caderas golpeaban mis glúteos, a la vez que con cada embestida milímetro a milímetro me la fue clavando en el ojete. Dejé caer mi cabeza y torso sobre la almohada, quedando mi culo con el perro montándome frenéticamente. De pronto sucedió lo que yo ya sabía: aumentaron sus embestidas, golpea más fuerte mi culo y mi esfínter fue vencido por la bola que tiene los perros en su pija. Cogió y cogió y se detuvo. Alcancé el orgasmo de placer y Atila también, porque un gemido lastimero salió de su garganta, a la vez que un río de semen inundó mi recto e intestinos.

El perro estaba acabando dentro mío, y como todos los perros trató de sacarla. ¡Imposible!. Habíamos quedado abotonados. Su verga firmemente anclada a mi culo, derramando semen en el interior de mi culo. Cruzó una de sus patas y quedamos culo con culo, abotonados como los perros. El olor y el placer con que gozaba era impresionante. Estuvimos como media hora enganchados, ya que cuando un perro te coge por el culo, dura más tiempo el abotonamiento. Lo dejé quietito, disfrutando del sexo animal que estaba teniendo. Cuando nos desabotonamos, la verga de Atila estaba sucia de sangre y mierda (ya que no imaginé esto), además de gotear semen perruno y orina. Mi culo lo miré con un espejo de maquillaje. Estaba bastante lastimado y dilatado. Me dolía un poco, pero igual le agradecí a Atila la sesión de sexo y que fuera el primer macho que me desvirgó el culo. Desde ese día, cada vez que me coge un perro o cuando lo hago con Belfort, mi culo también tiene su cuota de placer. Demás está decir que esa noche y todas las siguientes, hasta que se fue exclusivo, sexo anal solo para Atila. Esta es la historia de como un perro doberman me cogió por el culo. Otro día les cuento otras historias, como cuando soñé que quedaba embarazada de mi perro.

mayo 7, 2007. Perro - Mujer, Relato. Deja un comentario.